Ventas del iPhone: análisis, evaluación y prospectiva

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El año 2016 ha sido especialmente malo para Apple.

Con el iPhone suponiendo más de un 63 % de sus ventas, el hecho de que por primera vez desde que apareció en el mercado este modelo de smartphone sus ventas hayan descendido con respecto al año anterior ha supuesto un duro golpe para la cuenta de resultados de la empresa. Tanto que Apple recortó en un 15 % la retribución a Tim Cook y otros grandes directivos de la empresa por no alcanzar los objetivos para 2016.

Esto ha supuesto una ruptura en la línea progresivamente ascendente que dibujaba la gráfica que refleja el pico de demanda de cada nueva generación de iPhone coincidiendo con el momento en que llega al mercado y que podemos apreciar en el gráfico que acompaña este texto. Una ilustrativa historia del pasado y el presente del iPhone y una orientación sobre la mirada que podemos dirigir hacia el futuro de este dispositivo y de sus ventas si nos ceñimos a tres elementos: innovación disruptiva, rediseño generacional y adecuación del ciclo de renovación.

Cuando acaban de cumplirse los primeros diez años desde que Steve Jobs presentó el primer iPhone podemos afirmar que si bien supuso el pistoletazo de salida para el actual concepto de smartphone ciertamente sus ventas no supusieron un hito. Apple realmente no había inventado el smartphone (ni siquiera en su actual configuración) pero sí sentó las bases de cómo el resto de las marcas amoldarían su propio concepto al que sostenía Jobs en sus manos mientras sonreía a la audiencia, incluyendo algo decisivo: el ecosistema, es decir, el sistema operativo que permitía que terceros desarrollasen aplicaciones compatibles y que esta se vendieran a través de una tienda que emulaba el exitoso modelo de negocio de iTunes, si tienda de música donde se venden canciones “por unidad”, en lugar de por discos. Una idea que ha permitido que desde que en Cupertino pusieron en pie iOS hayan obtenido tantos ingresos (sumando hardware, software y servicios) que están a punto de alcanzar el billón de dólares de beneficios (y hablamos de billón europeo).

Fue aquí cuando comenzó a establecerse el patrón que seguiría la marca durante los siguientes ocho años: a la remodelación exterior del modelo seguí al año siguiente una actualización de componentes internos (aumento de capacidad de almacenamiento, mejora del procesador…) y algún elemento de hardware que permitiese hablar de una evolución de modelo.

Tuvieron que llegar las dos siguientes generaciones (iPhone 3G y 3GS) para que comenzase a despegar el dispositivo hasta el punto de iniciar su carrera como dispositivo de referencia que se vería lanzada a la estratosfera con la suma de las dos siguientes (4 y 4S), especialmente con este segundo modelo. Aquí comenzaría a hablarse ya de “iPhone killer” cuando otras marcas intentaban plantar cara a lo que comenzaba a suponer una amenaza comercial.

Especialmente con el modelo 4S se alcanzó un pleno total que ofrece un diseño atractivo, sólido (incluso a pesar de que cuenta con cristal por delante y también por detrás) y que permanece aguantando el paso del tiempo sin que se note en exceso que el iPhone 4 salió a la luz nada menos que en 2010. Sumado a lo exterior, en el interior su lente de 8 megapíxeles es para muchos la culpable de que la competencia se plantease este terreno como uno de los campos de batalla definitivos en cuanto a las prestaciones, hasta el punto de que incluso se produce aquí un “punto de ruptura” en el que claramente Apple pierde la iniciativa en la innovación y ya hay otros modelos que claramente le superan en prestaciones como esta, algo que se acentúa con la siguiente generación, los modelos 5 y 5S.

Lo que sí podemos apuntar en la lista de aciertos del 4S es la llegada del asistente vocal inteligente Siri y la pantalla Retina, que configurarían la base de qué entendemos desde este momento por un iPhone, en esencia.

De hecho en la gráfica que recoge las ventas de los modelos 4/4S y 5/5S se aprecia cómo lo primeros establecen una tendencia que se repetirá en años sucesivos de forma casi milimétrica pero el “salto” que dan los 5/5S es mucho más progresivo que el que llega con la siguiente generación.

Para muchos, tras la muerte de Steve Jobs apenas unos días antes de la presentación del iPhone 5, se produce un cierto desánimo y hasta una deceleración en la carrera de innovación disruptiva con la que se venía identificando casi cualquier cosa que viniera con el logotipo de una manzana mordida. Es por ello que muchos quedan defraudados ante la “continuidad” de la generación 5, no en vano podía esperarse algo diferente pero el diseño es esencialmente el del 4/4S con carcasa de aluminio, algo menos de grosor y algo más de longitud, lo que añade una línea más de iconos y abre un cierto debate sobre la “usabilidad” que quedaría definitivamente resuelto con el auge de los phablets y la respuesta de Cupertino en la generación 6 de su smartphone.

Antes de llegar a eso se añade un nuevo elemento realmente diferenciador: el sensor biométrico TouchID, capaz de reconocer la huella dactilar del usuario, con todo el amplio mundo de posibilidades que abre esta prestación. Las ventas no se ven mucho más animadas cuando el 5S viene acompañado, por primera vez, por una variante “asequible” (que no “barata” ni “low cost”) como el 5C, una versión que recupera el plástico en la carcasa y acompañado de prestaciones “básicas” en cuanto a capacidad de almacenamiento y procesador permite ampliar (mucho menos de lo que sin duda esperaban en Cupertino) el escalón de entrada de usuarios de la marca.

Quizá esa cierta continuidad tiene su respuesta en el iPhone 6: rediseño completo del exterior, con carcasa en una sola pieza de aluminio de bordes curvados y (oh,sorpresa) un nuevo crecimiento de la pantalla con dos variantes: 4,7 y 5,5 pulgadas. El segundo modelo, iPhone 6 Plus, supone el primer tímido paso de Apple en el universo phablet y el acierto de esa elección parece haberse consolidado recientemente con el iPhone 7, pero de ello hablaremos más adelante.

El incremento en la demanda del iPhone 6 puede calificarse de espectacular al examinar el gráfico adjunto, tanto que, de hecho, consigue romper el patrón ascendente que, de hecho continúa de una forma orgánica con el iPhone 6S y con el iPhone 7, que, digamos, continúan un patrón ascendente con regularidad si comparamos su pico de demanda inicial con el del iPhone 5S.

Recordemos esos tres elementos (innovación disruptiva, rediseño generacional y adecuación del ciclo de renovación) que mencionábamos al inicio y que pueden aplicarse de manera adecuada al iPhone 6: se cambia el diseño exterior, se ajusta la gama a la nueva tendencia en la que los móviles con pantalla (cada vez) más grande gozan de cada vez más aceptación y se añaden decisivas novedades que si bien inicialmente no parecen contar como cambios revolucionarios conforme se va extendiendo la normalización de su uso se van aceptando con tal naturalidad que casi parece insólito que anteriormente no contásemos con ello. Hablamos de la pantalla ForceTouch, capaz de detectar distintos niveles de presión y actuar en consonancia, por ejemplo ofreciendo menús contextuales con algo tan cómodo como variar la presión sobre un objeto en pantalla.

Llegados a este punto casi podríamos decir que por primera vez Apple ha conocido un descenso en sus ventas con el modelo iPhone 7… pero especialmente porque el modelo anterior arrasó literalmente “saliéndose de la tabla, rompiendo una curva ascendente que realmente con este modelo retornaba a su perfil medio “habitual”, casi “empatando” con el modelo precedente, síntoma de una cierta sensación de frustración puesto que muchos potenciales clientes podían esperar algo más del momento, dos años después de la aparición del iPhone 6, de “cambiar de generación”.

Y es que de esos tres elementos que hemos mencionado anteriormente sólo dos está presente en el iPhone 7: la adecuación al ritmo de renovación y la innovación disruptiva con la doble lente trasera del modelo 7 Plus. Por mucho que se denomine 7 no parece suponer estéticamente una evolución notable sobre la generación 6, y ello está vinculado con esa adaptación al ciclo de renovación de terminales que en los últimos tiempos ha pasado de 24 a 31 meses. En Apple han sido previsores al ajustar su ciclo de renovación de terminales a los casi tres años que tarda el usuario medio en cambiar de móvil.

Eso nos lleva al horizonte de la especulación sobre el futuro más inmediato: este mismo año, cuando se cumple la primera década de vida del iPhone, muchos esperan que en Cupertino nos tengan preparado algo especial pero realmente no hay precedentes de que ningún dispositivo haya recibido previamente un tratamiento similar, aunque también hay que conceder que ningún producto con el logo de la manzana mordida ha llegado a vender mil millones de unidades, como sí ha sucedido con el iPhone en apenas nueve años.

La gráfica elaborada por Cowen & co. presenta, a mi juicio, una estimación muy conservadora para el modelo de iPhone que debe aparecer en otoño de 2017. Si examinamos el descenso de ventas del iPhone 6S y que el pico de demanda inicial casi se mantiene con respecto a ese modelo al aparecer el 7 y contamos ese ciclo de renovación de 31 meses del que hablábamos y que se cumpliría este año con respecto a quienes adquirieron su iPhone 6 en 2015, nos encontramos con una suma de factores coadyuvantes para que el pico de demanda se asemeje más al del iPhone 6 al constituir una marcada ruptura con la línea ascendente.

Más allá del “efecto aniversario” que probablemente sólo tendrá efecto en esa grandilocuencia habitual de las presentaciones de Apple (seguramente podemos descartar un modelo denominado “iPhone X Anniversary Edition” o similar) el iPhone 2017 va a ser uno de los modelos más vendidos de los últimos años por la suma de varios factores: el ciclo de renovación de tres años que implicará un rediseño exterior, la habitual novedad que debe marcar tecnológicamente la diferencia con la generación anterior y simplemente la larga pausa de tres años que muchos llevan esperando para tener en sus manos un iPhone nuevo. Pero nuevo de verdad, no “nuevo como el iPhone 7 con respecto al iPhone 6”.

Adicionalmente, los rumores hablan de que habría un tercer modelo de iPhone que Apple presentaría este otoño y que quedaría un escalón por encima de los otros dos, y eso podría indicar suponer continuar (relativamente) con la “tradición” y que tuviéramos iPhone 7S y iPhone 7S Plus que evolucionaran sobre los actuales, posiblemente añadiendo doble lente trasera al modelo de 4,7 pulgadas. El tercer iPhone (¿iPhone 8?) adoptaría un nuevo diseño que podría recordar al iPhone 5 con laterales de acero, parte trasera de cristal (que facilita la recarga inalámbrica), pantalla OLED ocupando casi toda la parte frontal (con el sensor TouchID integrado en una zona concreta de la misma pantalla) y que (ahora sí) rompería con el diseño de los últimos tres años y podría sumar un buen número de ventas que eleven ese pico de demanda por encima de lo estimado.

En cualquier caso Apple sólo puede continuar su asombrosa curva de crecimiento accediendo a los dos pujantes mercados chino e indio. En el caso de este último país, la marca ya está en negociaciones con el gobierno local para establecer centros de producción en India, como paso previo a que se vendan allí con la facilidad del producto local frente al importado, algo que en China ya ha supuesto importantes réditos a Cupertino.

En pocos meses comenzaremos a conocer filtraciones sobre diseños de carcasas que nos orientarán mejor sobre el hipotético futuro cercano del iPhone, un terminal que ha supuesto que en Cupertino ya dediquen más recursos a su ecosistema que a los ordenadores y de cuya evolución depende en gran medida la evolución de Apple como una de las marcas más valiosas del planeta. Decididamente no es un móvil cualquiera y en cualquier caso siempre es interesante conocer su evolución puesto que gran parte de la industria continúa actuando en respuesta o como reflejo a su propia evolución. Seguiremos informando.

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